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Glastonbury: la envidia de los festivales

Victor Solvas. 30 junio, 2014

Glastonbury. El más legendario. Miembro de la santísima trinidad de los festivales casi mitológicos junto a Woodstock y Coachella. El festival inglés celebró el pasado fin de semana su última edición regado, como siempre, por elbarro, el estilismo más extremado y la mejor alineación de bandas posible en la actualidad. Arcade Fire, M.I.A, Bryan Ferry, Interpol, Pixies, Mogway y hasta Metallica. Aún a riesgo de causar urticarias entre los más puristas, todos caben en el prado de Pilton, al suroeste de Inglaterra.

El promotor de Legal Music y impulsor de festivales como el SOS 4.8 Murcia, Héctor Fina, y el director de Mercury Wheels, Barnaby Harrod, analizan las claves del fenómeno Glastonbury. El faro del resto de festivales. La envidia de todos.

Un ambiente mágico

“En Glastonbury puedes pasar de un ambiente de puro rock’n’roll a adentrarte en una sesión de teatro, circo o cómic con tan solo pasearte. Es un lugar mágico”. Así define Barnaby Harrod su experiencia en Glastonbury. En un sector en el que, además de la música, se vende una experiencia, el festival inglés es insuperable.

Para Héctor Fina, el encuentro se ha convertido en un “acontecimiento social”. Y no solo Glastonbury. También el resto de festivales ingleses. “Han conseguido crear una tradición y fidelizar a gente que hace 20 o 30 años que no se los pierdes, mientras que en España el público se mueve por modas o por cartel”, asegura.

El factor cultural

Esa fidelidad no solo tiene que ver con el trabajo de la organización de Glastonbury, sino también en la propia cultura británica, que tiene la música pop-rock en su imaginario colectivo. “Los niños ingleses están expuestos al pop desde la guardería. Todos conocen las canciones de los Beatles y ven a los Ramones en la tele, y tanto estos grupos como Glastonbury forman parte del folk británico”, analiza Harrod, que asegura que esta es una de las claves que explican porqué el festival es intergeneracional.

Porque en Glastonbury no es raro ver a tres generaciones de una misma familia junta. Desde el abuelo, que fue a la primera edición del año 1970, hasta el nieto recién nacido que se bautiza en la música en vivo en el barrizal. Para Fina, entre los méritos del festival destaca la creación de diversas zonas que facilitan la presencia de familias enteras. “Al lado de la música hay lugares pensados para los niños y para la promoción de otras artes, así que los británicos se plantean Glastonbury como un destino de vacaciones”. En este sentido, considera que los festivales españoles aún no han conseguido atraer con su oferta a la población que queda fuera de la franja de entre los 25 y los 35 años. “No nos imaginamos a una familia española en un festival porque no hay tradición, pero los promotores tampoco hemos creado la oferta para intentarlo”, señala.

Confianza ciega

El público confía a ciegas en la experiencia vital que ofrece Glastonbury, pero también en el cartel de artistas que desfilarán por sus escenarios. El festival británico puede presumir de haber convertido en rutina la excepcionalidad de vender sus abonos sin necesidad de anunciar ni un solo artista. Las últimas 120.000 entradas para la edición de 2014 se pusieron a la venta en octubre de 2013, y se vendieron en solo 27 minutos. Cuestión de confianza.

“El Glastonbury es tan especial que si vas un año quieres repetir”, asegura Barnaby, que también destaca la posición de privilegio que adquirió en su día el FIB y que hoy tienen otros festivales. “El Primavera Sound también ha conseguido fidelizar al público y ya está vendiendo más de la mitad de sus entradas sin anunciar su cartel al completo. Tener 15.000 personas que confían en ti a ciegas da mucha confianza”, coincide Fina.

Historia

Cultura y ambiente son básicos para entender el fenómeno del Glastonbury, como también lo es su posición de pionero. El festival cuenta con cuatro décadas de historia a sus espaldas, lo que le ha dado ventaja competitiva respecto a otras propuestas cercanas tanto en tiempo como en filosofía. España no se sumó al carro festivalero hasta mucho después, pero se está recuperando terreno. “Hay que entender que antes de Glastonbury no había nada en Inglaterra, y que a partir de ahí crecieron. En España empezamos veinte años después y hay que recuperar mucho terreno y tiempo, pero citas como el Primavera Sound o el Bilbao BBK Live, que este año lo ha vendido todo por primera vez, son referencias que nos sitúan en el mapa”, considera Harrod.

Sello de calidad para los artistas

Hasta ahora nos hemos fijado en las claves que hacen de Glastonbury en un imán para el público, pero el fangal inglés también es un atractivo difícil de rechazar para las grandes figuras internacionales. ¿Qué les aporta a grupos como Metallica, Rolling Stones e incluso Beyoncé actuar ante un público tan lejano al suyo? “Sin duda, prestigio, nueva audiencia y legitimización ante un escenario entendido. Los grupos medios utilizan Glastonbury para darse a conocer, mientras que para los grandes es un sello de calidad”, considera Fina. Harrod remata con un aspecto más intangible. “Estuve en el concierto de Paul McCartney en el festival y tener 80.000 personas cantando el coro del ‘Hey Jude’ en un escenario así es una experiencia casi mística también para el artista”.