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Cuestionario a festivales: Tomavistas

Tomavistas no es un festival para mayorías, es un festival gourmet de bandas independientes nacionales en el que todos los grupos tienen el mismo peso, las facilidades extrañas de encontrar en eventos parecidos, como pueden ser: restaurante con estrella Michelín, aseos de obra, espacios verdes, parking gratuito para 2500 coches o accesos gratuitos en autobús y taxi. Todo en el marco incomparable del Hipódromo de la Zarzuela con vistas al monte del Pardo sobre el que asoma al Skyline de Madrid.

José Gallardo, director de Tomavistas y director artístico del festival, responde las preguntas de nuestro cuestionario a festivales:

 

¿Qué sentimiento o qué idea fue la que te llevó a pensar un día: “Quiero organizar un festival”?

Personalmente desde el Festival de Benicassim en 1995 he sido una asiduo a este tipo de eventos y creo que el sentimiento que me llevó a organizar un festival es el mismo que me llevó a entrar al recinto del FIB por primera vez: sorprenderme, poder ver a los artistas que me gustaban, descubrir nuevas bandas, compartir con amigos habituales y conocer gente que luego se convertirían en amigos habituales. La música y la experiencia. Resuena en mi cabeza y se queda en la memoria todo lo que supone aislarte de todo y entrar como en una máquina del tiempo que no sabes dónde te va a llevar, sumergirte durante 2 o 3 días en un lugar concreto donde cualquier cosa puede suceder y donde la música lo impregna todo. Esto es algo que comparto con mis socios Imarú Gonzalez y Willy G. Blesa. En su cabeza ya rondaba hace años hacer un festival en Madrid y nos juntamos con el firme propósito de llevarlo a cabo. Tomavistas es el resultado de un sentimiento infinito de amor a la música para unos fans de la música que deciden de forma honesta generar ese tipo de experiencias para que las disfruten otros.

¿Qué le dirías a alguien que ahora mismo está leyendo esto y que se plantea organizar un festival por primera vez?

Creo que lo importante es atender a tus orígenes y amar la música. Puede que tengas 20 o 50 años. Que vengas del mundo de la música o que seas un empresario que se dedica a otras cosas pero que quiere invertir en esto. Que vengas de una posición acomodada y te sobra algo de dinero para darte un capricho. Que tengas un amigo que trabaja en un ayuntamiento o en una gran marca y te pueda conseguir una partida de dinero para invertir en un festival. O que seas un emprendedor y buscas organizando un festival un nuevo puesto de trabajo y generar trabajo para otros. Sea lo que sea y vengas de donde vengas, lo que le diría a alguien que quiere montar un festival es que lo haga respetando la música y a los fans de la música, que cuide los detalles y que entienda que todo lo que es importante no está sólo en los números y mucho menos en el ego, está en el respeto a una filosofía, a las emociones, a los artistas, al público y a uno mismo.

¿Qué has ganado y qué has perdido por el hecho de organizar un festival y dar pie a todas las implicaciones emocionales que eso conlleva?

He ganado realizar un sueño, dedicar la mayoría de horas de un año a materializarlo y superar los mil obstáculos que he encontrado en el camino, he ganado formar parte de un equipo junto a mis socios con los que la sintonía es abrumadora y con los que he ganado la motivación para seguir adelante pase lo que pase.

He perdido horas de sueño, algún que otro kilo, oportunidades de trabajo, algo de dinero, pero sobre todo he perdido el vértigo y el miedo ante empresas que en muchos momentos te superan.

¿Cuáles han sido las principales dificultades que tuvisteis en los primeros momentos de la organización del festival?

Pues ha habido varias. La primera es elegir una fecha, dado que nuestro festival se realiza en verano, y viendo el panorama de festivales como está es imposible llevarlo a cabo sin coincidir con alguno. Al final no queda otra y tienes que arriesgarte. La segunda dificultad ha tenido que ver con el espacio que elegimos para hacer el festival ya que en 25 años no se había hecho en el Hipódromo de la Zarzuela ningún evento musical. Ha habido que convencer a mucha gente sobre cómo y qué íbamos a hacer, parece que lo hemos logrado y que hay intención por parte de los responsables del recinto de permitirnos seguir haciéndolo allí. Finalmente hemos tenido que lidiar con el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, sólo digo que aún no me creo que finalmente tuviéramos las licencias firmadas en pleno montaje del festival, pero así fue. Conclusión: se puede hacer, pero hay que ponerse la coraza y el mono de trabajo porque el esfuerzo que hay que hacer y la desidia que te encuentras por el camino son incalculables. Ojalá todo sea más fácil en el futuro.

¿Por qué organizas tu festival en esa localización? ¿Has pensado cambiar de localización alguna vez?

Madrid es el centro de la industria de la música donde paradójicamente no se hacen demasiados eventos de este tipo. Es la ciudad en la que vivo y a la que quiero y odio de la misma manera y donde percibo en la gente la necesidad de que sucedan cosas, que se promueva la cultura y también poder tener un festival con el que sentirse identificado. Para mí es obvio, Tomavistas tiene que ser en Madrid, mientras nos dejen.

Sobre el Hipódromo de la Zarzuela, pues es de esos sitios que te enamoran en cuanto entras, está en el ambiente, es un lugar en el que te apetece estar unas cuantas horas. Sobre cambiar la localización, pues si es cierto que nunca puedes estar 100% comprometido con determinados espacios en Madrid y no porque no quieras sino porque no te dejan otra. Hay política, juntas, asambleas, muchas personas con sus divergentes opiniones y adhesiones a la cultura, en definitiva, tienes que pensar también en otras localizaciones para cubrirte las espaldas.

¿Qué es lo mejor y lo peor que tiene la localización de vuestro festival?

El clima, la tranquilidad, las vistas al skyline de Madrid, los servicios que ofrece el propio espacio: baños, parking, accesos, restauración… Y, sobre todo, un aforo reducido a 3000 personas para hacer de la experiencia algo muy agradable y desmasificado.

¿Qué tres cambios en la historia del festival sirvieron para hacer de vuestro festival un evento mejor y más disfrutable?

Sólo hemos hecho una edición así que aún estamos a tiempo de generar esos cambios para la segunda edición, ya os diremos si los cambios que tenemos planteados harán de Tomavistas un evento mejor que en 2014, el listón está muy alto.

¿Cuál es en tu opinión la mentira más aceptada por la sociedad o por la industria musical (así, en general) en torno a los festivales o a la organización de los festivales?

La mayor mentira es que son rentables. Salvo casos concretos las primeras ediciones no son rentables y hay que tener las cosas muy claras y una gran dosis de paciencia para irlo viendo crecer. Sobre la organización la gran mentira es que cuando organizas un festival es como si eligieras a capricho un menú musical para disfrutarlo como cuando vas como público a otro festival, con tu cerveza, tus colegas y viendo los conciertos cómodamente desde la zona VIP. Pues no amigos, tienes tantas cosas entre manos que casi no hay tiempo para disfrutar de lo que está pasando. Cuando acaba es cuando eres consciente de lo que ha pasado, básicamente con la información que te va llegando después de los asistentes y de los medios.

¿Crees que es posible un festival masivo sin el apoyo económico de las marcas y empresas multinacionales?

Me gustaría decir que sí, pero me temo que es muy complicado. Tanto si el festival es masivo como si es más modesto, como es nuestro caso. Los costes de producción, los cachés de los grupos, las campañas de comunicación y publicidad, el 21% de IVA –sin duda el agujero negro de la rentabilidad de un festival- es muy difícil que se cubran con la venta de entradas y con la hostelería. Así que la financiación externa hoy en día es la clave para hacer un festival, no sólo para hacerlo, sino para hacerlo bien y de la manera más profesional posible.

¿Cuáles han sido tus mejores tres momentos de la historia del festival y por qué?

El primero es una mezcla de dos, el primer día que pisé el Hipódromo y me dije aquí molaría hacer un festival y el día que salí del recinto tras acabar los conciertos y fui consciente de que lo habíamos conseguido. El segundo fue ver a un grupo de unas 30 personas que se había escapado de una boda que se hacía en un lugar cercano al recinto para ver a Guadalupe Plata que fue unos de los mejores conciertos del festival  y el tercero fue poder ver a niños con sus padres disfrutando de los conciertos, una de las cosas en las que más nos habíamos empeñado que pudiera hacerse.

¿Y cuál ha sido el peor momento que se te viene a la mente y por qué?

Pues creo que el peor momento siempre es el día después, cuando toca recoger, ha sido tan efímero, tan intenso. Un año de trabajo y en 48 horas ya está todo terminado. Cuando sales del recinto, echas un ojo y no queda atisbo de que allí haya pasado lo que ha pasado. Temes que la memoria no dé para tanto, te falle algún día y no puedas mantener vivo ese recuerdo.

Define vuestro festival en sólo tres conceptos generales.

Programación independiente de grupos nacionales independientes de calidad, apuesta y apoyo firme a los grupos emergentes y ofrecer los mejores servicios para los asistentes a nivel logístico y técnico.

¿Cuál es tu festival favorito del mundo y por qué?

Yo diría que el Primavera Sound porque sus programaciones son espectaculares, porque han crecido año a año sin perder su identidad y porque la industria de la música a nivel nacional e internacional les respeta y eso es algo muy difícil de conseguir.