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Cuestionario a festivales: Monkey Week

Monkey Week no es un festival al uso, es más bien un punto de encuentro para los profesionales del sector musical así como una plataforma para las bandas y artistas emergentes. El leit motiv de MW es “descubre hoy las bandas del mañana”. Es además un evento totalmente urbano, que convierte la localidad de El Puerto de Santa María durante unos días en una auténtica Ciudad de la Música. Tras seis años, más de 700 actuaciones en directo y múltiples actividades paralelas, MW es una cita indiscutible.

Tali Carreto, director del festival Monkey Week, responde nuestro cuestionario a festivales:

 

¿Qué sentimiento o qué idea fue la que te llevó a pensar un día: “Quiero organizar un festival”?

El sentimiento, sobre todo, de seguir creando iniciativas. Nosotros veníamos de una experiencia previa y dilatada con el mundo cultural, la revista FREEk!. De ahí nació FREEk FEST, que aun sigue en pie, un festival centrado en el rocanrol y el garage, y que supuso el germen del actual Monkey Week. De hecho, el Monkey fue el paso lógico una vez nos vimos con fuerza suficiente como para emprender una aventura así, mucho más grande y que iba a exigir más esfuerzo y experiencia.

¿Qué le dirías a alguien que ahora mismo está leyendo esto y que se plantea organizar un festival por primera vez?

Uf, no sé si habría que desearle mucha suerte o mucho tesón. Quizás un 50 / 50 de ambas.

¿Qué has ganado y qué has perdido por el hecho de organizar un festival y dar pie a todas las implicaciones emocionales que eso conlleva?

Hemos ganado muchos amigos, sin duda. Organizar algo así te lleva a conocer muchísima gente nueva, y a la que principalmente une una misma pasión, la música. Por lo que no resulta muy difícil conectar. Hay amistades que nacen solo durante un par de días y luego se mantienen a lo largo de años y años. También hay colegas de trabajo a los que vas conociendo en los meses previos al festival y esa relación al principio de trabajo se acaba convirtiendo en una buenísima amistad. Y además de las nuevas amistades, gracias a éstas surgen nuevos proyectos, nuevas locuras… ¿Perder? Supongo que todos los que nos dedicamos a esto de montar un sarao de dimensiones épicas perdemos siempre algo de salud (sobre todo en los días previos al evento), y también tiempo durante todo el año que dedicar a otras cosas, incluso a uno mismo. Pero también a lo largo de los años, uno aprende a tomarse todo con más calma…

¿Cuáles han sido las principales dificultades que tuvisteis en los primeros momentos de la organización del festival?

Financiación, por supuesto. No es nada fácil emprender un proyecto así desde una pequeña empresa como la nuestra. Y más aun cuando Monkey Week nació a la vez que la cacareada crisis comenzaba a asomar su temible cabeza. También fue complicado, y es aun todavía en algunas cuestiones, hacerle ver al Ayuntamiento de una ciudad como la nuestra los beneficios que un evento cultural de este calibre reportaría a la localidad. Todavía hay mucha gente que no concibe eso de que la cultura puede generar riqueza. Y al principio éramos, por así decirlo, unos melenudos queriendo montar conciertos. Aunque también es cierto que gracias a nuestra cabezonería por seguir celebrándolo en nuestra ciudad, los años nos están dando la razón…

¿Por qué organizas tu festival en esa localización? ¿Has pensado cambiar de localización alguna vez?

Claro que lo hemos pensado. Y ese pensamiento nos ronda de vez en cuando. Hemos tenido y tenemos ofertas para mover de localización el festival. Pero queremos seguir aquí. La idea desde el principio fue utilizar nuestra ciudad porque la conocemos muy bien, sabemos de su encanto y de los múltiples espacios que, sin uso alguno anteriormente para actividades así, pueden ser explotados con éxito en este sentido. Siempre nos ha gustado la idea de poner en valor una ciudad tan linda como la nuestra, y con tantas posibilidades. Solo falta una mayor implicación por parte de las autoridades, que cada año apreciamos más eso sí, para que sigamos adelante con este sueño de convertir El Puerto de Santa María en la Ciudad de la Música. ¡Y que sea por muchos años!

¿Qué es lo mejor y lo peor que tiene la localización de vuestro festival?

Lo mejor, su encanto a raudales: buen clima, localizaciones increíbles que pueden utilizarse como espacios escénicos, una gastronomía de primera a precios asequibles, la simpatía de los habitantes… Son muchos reclamos atractivos. Lo peor, evidentemente, no es estar en una ciudad grande, pero al fin y al cabo si le das la vuelta a la tortilla, la descentralización también juega a nuestro favor. Tampoco está tan mal conectado El Puerto de Santa María, qué diantres, aunque entendemos que para los que vienen del Norte de España el viaje es mucho más largo que si lo hiciéramos en Sevilla, Córdoba… o Madrid. Pero perderíamos nuestro encanto, ¿no? Quizás lo peor sea que un evento de estas características no es algo habitual por la zona, y por tanto ha costado más tiempo (¡todavía cuesta!) encontrar sintonía con ciertos organismos e instituciones oficiales.

¿Qué tres cambios en la historia del festival sirvieron para hacer de vuestro festival un evento mejor y más disfrutable?

Sobre todo cuando decidimos potenciar su verdadera esencia, los showcases, por encima de artistas principales y grandes nombres. Y al apostar por los showcases también nos centramos más en recurrir a más espacios de la ciudad, sin importar lo pequeño que fueran. Apostar porque Monkey Week se celebrara en la ciudad, y no cerca de la misma, ha sido sin duda un gran acierto. Abandonar el Monasterio de la Victoria, uno de los espacios principales en las primeras ediciones, y un recinto realmente bello pero también problemático, fue todo un punto de inflexión sin duda.

¿Cuál es en tu opinión la mentira más aceptada por la sociedad o por la industria musical (así, en general) en torno a los festivales o a la organización de los festivales?

No sé cuál será la mentira más aceptada, pero algunas veces es duro, otras veces simplemente surreal, ver las opiniones de ciertas personas sobre tal o cuál festival, opiniones que no valoran el esfuerzo tremendo que todo evento así tiene detrás. Y no solo esfuerzo económico, también vital. Hay quien dice que en España todo el mundo es entrenador de fútbol o promotor, ¿no? Ja ja…

¿Crees que es posible un festival masivo sin el apoyo económico de las marcas y empresas multinacionales?

No, sinceramente no creo que sea posible. Pero tampoco creo que sea algo malo.

¿Cuáles han sido tus mejores tres momentos de la historia del festival y por qué?

Creo que estamos todos de acuerdo en que hay un momento muy especial cada año: cuando el día de resaca del festival, justo cuando ha pasado toda la vorágine, y el núcleo duro de la organización y la producción nos pasamos horas contándonos batallitas de la edición recién pasada, quitando hierro al asunto y echándonos unas buenas risas. Esa calma después de la tormenta no tiene precio.

¿Y cuál ha sido el peor momento que se te viene a la mente y por qué?

Sin duda el año del diluvio universal: tuvimos que suspender el bolo de Faust, ¡y después de buscar una plancha de acero, una hormigonera y no sé cuántas locuras más de producción, ja ja! Como todo aquel promotor que haya sufrido las inclemencias del tiempo en un evento suyo, esa mezcla de impotencia y desesperación que te producen esos momentos no se la deseamos a nadie…

Define vuestro festival en sólo tres conceptos generales.

Tres no, pero dos son innegables: “descubre hoy las bandas de mañana” y “conoce la Ciudad de la Música”.

¿Cuál es tu festival favorito del mundo y por qué?

Mis socios, los hermanos César y Jesús Guisado, y servidor tenemos en realidad gustos a veces tan parecidos como otras veces completamente dispares. Así que sería difícil elegir un solo festival. Hay algunos, eso sí, a los que nos encantaría ir, como a alguna edición del ATP o la próxima del Burgerama.